No es casualidad que leas esto
- Miguel Aguado

- 7 dic 2024
- 1 Min. de lectura

Nunca pensé que podría ver con tanta claridad la separación entre el alma y el EGO como hoy. Y no es que hoy sea un día diferente, hoy soy YO el que cambié.
Que todos tenemos alma, que ella es un pedacito de la Fuente y que por tanto yo soy un pedacito de Dios ya no es algo que me tenga sin dormir. Mil veces me ha demostrado el alma que me habita y que me protege.
Claro, en este punto, me preguntaba si yo soy el alma y me vestía de carne y órganos y huesos o yo soy todo eso y transportaba al alma como si fuese un taxi. Por tanto, ¿soy el taxista? o ¿soy el cliente?
Observando un guante sobre una silla entendí todo. El guante, en sí mismo no sirve para nada. Se parece a mi mano en la forma, pero alejado de ella es sólo un pedazo de cuero cosido en una forma singular.
Ahora bien, cuando introduces la mano, ese guante cobra vida. Ese guante tiene entonces un propósito perfecto y todo encaja a la perfección. Ese propósito es cuidar de la mano. Muchas veces, ese guante puede ser un completo incordio si lo que esa mano va a hacer es una cirugía de ojos, pero es fundamental para la mano si va a sujetar un caballo salvaje.
El guante es el que es y la razón es que en esta vida, ese alma vino a vivir unas experiencias y no otras. Por tanto, no es que el guante esté mal, es que no está donde debe.
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